Se calculan unos 25.000 penitentes tras “El Señor de la túnica blanca”

              Una vez más, y van ya 16, ayer asistí a la multitudinaria procesión de El Cautivo en Málaga. Yo no soy muy santero, ya me conocen, pero por El Cautivo no sé por qué tengo una debilidad especial y ya les conté en una ocasión la relación que existió entre una visita que realicé hace una década a la imagen en su iglesia del centro de Málaga y el trasplante de riñón que me realizaron inmediatamente después, en un tiempo récord de ¡una semana!. Casualidad, no lo dudo, pero es un hecho objetivo sin lugar a dudas: le pedí que me trasplantaran – yo estaba un tanto desesperado ya- y a la semana justo me trasplantaron… Puede resultar inverosímil, pero así ocurrió.

      Como bien saben los lectores, a los seis años perdí el riñón  trasplantado y tuve que volver a diálisis, donde llevo ya cinco años enganchado a la máquina. Y debo ser muy malo, malísimo, porque por mucho que se lo vuelvo a pedir… no me escucha. Y eso que cada año se lo pido con más ganas, pero es que nada. El Cautivo está sordo. Sin desanimarme por ello, ayer fuí con más fé si cabe a su procesión, que para cabezón ya estoy yo.
Nunca en los 16 años había visto semejante gentío. Cientos de miles de personas invadían las calles del centro de Málaga moviéndose de un lado a otro como una especie de “marabunta” humana que casi daba un poco de miedo. Un incidente como el de la “supuesta pistola” de los gitanos y hubiéramos corrido como en San Fermín. Pero no ocurrió nada y tras la larga espera vimos pasar a la imagen meciendo su túnica blanca con la brisa de la noche en un silencio sepulcral. Después, vivas, aplausos… la emotividad del ambiente te hacía tragar saliva. Gentes de toda edad y condición rendían tributo a los pies del Señor El cautivo o pedía o agradecían una “manda” a la imagen. Dicen que unos 25.000 penitentes seguían el trono rogándole cada uno por “su tema”. Mucho trabajo para un sólo Señor, pensé, aunque me dijeron que éste Señor es muy grande. Osea, Grande con mayúscula. Y es por ello que yo le volví a recordar “mi tema”, que no es otro que un riñoncito nuevo con el que seguir viviendo sin estar encadenado a una máquina de diálisis. Yo ya entiendo que esté muy ocupado y que como yo soy un descreído, tendré que ponerme a la cola de los milagros… pero enfín, lo último que se pierde supongo que es la esperanza.  Cuando sea ya me tocará, digo yo.

Juan Carlos Sanz de Ayala

      Nota: ahí les dejo un pedazo de foto en gran calidad publicada hoy por el Diario SUR.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado por a las 10:29 pm