El “niño-torero”:
aprender a matar ó a ser matado

Dicen que los futbolistas de élite se maduran en las calles como mejor escuela de darle al balón, a ser posible con los pies. Parece haber por otra parte una correlación íntima entre pobreza y virtuosismo futbolero, de modo y manera que a más mocos y menos manduca, mejor salen los futbolistas y más se cotizan a tanto el kilo. Desconozco la fortuna ó infortunio del niño-torero al que el alcalde ha tenido a bien regalarle unas entradas para que tome notas de lo que debe hacer para acabar con la vida de un toro. Parece llamarse José Antonio y viendo su foto no veo un niño con los morros llenos de mocos, más parece un “niño de papá” de pijolandia al que se le ha metido en la cabeza ser torero y jugarse la vida toda su vida en los cosos taurinos a cambio de unos suculentos millones de las antiguas pesetas. Nuestro buen amigo Juan Manuel Mancebo le aconseja paternalmente que esuche también a los que no piensan como él sobre el mundo del toro. Osea, yo, mismamente: Mira hijo, si por mí fuera no prohibiría las corridas de toros, no, pero mandaría a niños como tú a jugar con morlacos de cartón ó en todo caso en la “Wii de Nintendo”, usada como simulador cornúpeta. Que no te hizo Dios, José Antonio, para ponerte delante de dos cuernos cuatro patas y un rabo, sino para darle patadas al balón, aunque no tengas mocos en los morros…

Veo a don Villanova con su rojiza cara oronda y lironda regalarte esas racanuelas entraditas para los toros, que más podía haberte regalado un traje de luces ó las luces para un traje. Pero, amigo José Antonio, don Villanova no da para más. Regala lo suficiente para hecerse la foto, aunque la susodicha no tenga sentido. Porque… ¿Qué mérito tiene, José Antonio, que tú quieras ser torero?. Yo no le veo la gracia. Y es que no tiene ninguna. A este paso veo a don Villanova regalando pico y pala a un muchacho que quiere ser minero, la aguja de oro al niño sarasilla que nos ha salido costurero ó la porra eléctrica al jovenzuelo chuleta que sueña con ser algún día agente de policía en su barrio.
Querer ser torero con once años no tiene ni puñetera gracia, y mucho menos regalarte entradas para que aprendas a matar un toro, que qué te habrá hecho él para que lo piques, lo banderillees, le des veinte vueltas y tras marearle ya medio muerto, le quites la vida chorreando sangre por la boca. Lo que te digo, José Antonio, ni puñetera gracia. Si al menos estuvieran las fuerzas un poco equilibradas… porque los toros mueren a malsalva, y los toreros… con cuentagotas. Y eso no está bien: los aficionados que pagan esas entradas lo hacen con la profunda esperanza, José Antonio, de que el toro te empitone, te revuelque, te saque los higadillos y salgas de la plaza en ambulancia ó en una bolsa cerrada en lugar de por la puerta grande, que es por donde sueñas salir tú preferentemente.
No me gusta que te agasajeen, José Antonio, porque quieras ser “matador” de toros. Prefiero a los mocosos de las favelas golpeando el balón y soñando a ser Cristiano Ronaldo y sus millones de euros. Sólo usan su cabeza y sus pies, inteligentemente ambas, para dar un espectáculo limpio, deportivo y lleno de vida. Matar un toro, José Antonio, no es limpio ni deportivo y está lleno de todo menos de vida. Es un espectáculo sucio y sangriento que acaba siempre en sufrimiento y muerte, ya sea del toro ó del torero. Y ahí estas tú, a tus once años, aprendiendo a matar ó a ser matado, que también puede ocurrir, en la arena de coso.
Hoy ha muerto un chaval de 16 años en la localidad Cabanillas, Navarra, corneado por una vaquilla. Supongo que es el tributo sangriento de quien se coloca por emoción y aventura delante de dos cuernos cuya finalidad es la defensa haciendo el mayor daño al enemigo, incluso la muerte.
Más balones y menos entradas a menores para un espectáculo no apto para menores no acompañados. No me gusta que te dediques a los toros, José Antonio, y tal cual lo siento pues te lo espeto. Si quires arte, dedícate a pintar cuadros. O a tocar la guitarra. Juega con los niños de tu edad a lo que juegan los niños de tu edad.
No seas tú también aprendiz de tributo sangriento. Prefiero un torero y un bombero por separado, que un “bombero torero”. Los cuernos, José Antonio, son cosa de mayores.

Publicado por a las 2:02 pm